Por qué tus personajes parecen esquizofrénicos (y cómo arreglarlo)

El día que conocí al peor personaje de la historia

Estaba en un café de Medellín, con mi laptop abierta, intentando terminar un artículo, cuando escuché la conversación de la mesa de al lado. Un tipo, con cara de escritor frustrado, le estaba contando a su amigo los detalles de su nueva novela. Y ahí fue cuando todo se fue al carajo.

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—Es sobre un sicario —dijo él, con ese tono de quien cree que está inventando la rueda— pero no es un sicario cualquiera. Es un tipo sensible, culto, que lee filosofía y mata por amor.

Ya me había llamado la atención. Pero lo mejor estaba por venir.

—En un capítulo —continuó— el tipo está leyendo a Nietzsche y de repente, ¡pum!, se pone a bailar salsa en medio de un tiroteo. Es que es muy caribeño, ¿sabes?

Yo casi escupo el café. ¿En serio? ¿Un sicario filósofo que baila salsa en mitad de una balacera? ¿Qué clase de Frankenstein literario era este?

Pero ahí no terminó la cosa. Según el escritor, el personaje también era un experto en gastronomía francesa, un amante de los gatos y, en los últimos capítulos, se convertía en… adivinen qué. ¡Un influencer de TikTok!

—Es que quiero que el personaje sea completo —dijo el escritor, como si eso justificara semejante desastre.

En ese momento, tuve que levantarme y salir del café. No podía escuchar más. Porque ese tipo no estaba creando un personaje. Estaba haciendo un cóctel de personalidades que ni siquiera el alcohol más fuerte podría mezclar.

Por qué tus personajes parecen esquizofrénicos

Ahora, hablemos claro. El problema de los personajes inconsistentes no es solo cosa de escritores amateur. Lo he visto en novelas, guiones de televisión, películas y hasta en anuncios publicitarios. El otro día vi un comercial donde un tipo empezaba como un abogado serio y terminaba haciendo parkour en el centro de Bogotá. ¿Qué diablos?

La gente cree que para hacer un personaje interesante hay que llenarlo de mil características contradictorias. ¡Error! Un personaje no es un buffet donde puedes poner un poco de todo y esperar que quede rico. Eso no es complejidad. Es caos.

Y aquí viene mi opinión polémica: el 90% de los personajes en Medellín están mal escritos. Sí, lo dije. Y sé que me van a dejar comentarios de odio, pero es la verdad. La gente aquí cree que un personaje es interesante porque “hace cosas locas” o porque “es impredecible”. Pero lo único que están haciendo es crear monstruos literarios que nadie puede tomar en serio.

El caso de Pepito, el vendedor bipolar

El otro día, un cliente me pidió ayuda con un personaje para su campaña de marketing. Era un vendedor llamado Pepito. Y el cliente me dijo algo que me hizo temblar.

—Quiero que sea un tipo normal, pero que también sea un poco excéntrico. Que sea serio, pero también gracioso. Que sea tradicional, pero también moderno. Que sea joven, pero también viejo. Que sea…

—¡Para! —lo interrumpí— ¿Qué estás haciendo? ¿Creando un personaje o escribiendo las características de un Transformer?

Resultó que el cliente quería que Pepito fuera todo para todos. Un error común. La gente piensa que si el personaje tiene muchas facetas, va a gustarle a más gente. Pero lo que realmente pasa es que el personaje termina siendo un desastre. Nadie sabe cómo es, nadie lo entiende y, lo peor de todo, nadie se identifica con él.

La fórmula para hacer personajes que no irriten

Aquí va el secreto: un personaje debe tener una personalidad clara y consistente. No estoy diciendo que sea plano. Un buen personaje puede tener contradicciones internas, pero esas contradicciones deben tener sentido. Deben estar relacionadas con su esencia.

Por ejemplo, si tu personaje es un sicario culto, está bien. Pero asegúrate de que eso tenga un porqué. Tal vez mató a su primer amor y desde entonces busca respuestas en la filosofía. Eso tiene sentido. Pero si de repente empieza a bailar salsa en medio de un tiroteo, porque sí, porque “es caribeño”, ahí ya perdiste la credibilidad.

Otra cosa: no trates de que el personaje sea todo. Un personaje no tiene que ser gracioso, serio, moderno, tradicional y excéntrico al mismo tiempo. Escoge una o dos características principales y desarrolla a partir de ahí. La consistencia es lo que hace que un personaje sea creíble y memorable.

El momento de la verdad: aplica esto o sigue haciendo personajes Frankenstein

Así que, si estás creando un personaje y te encuentras añadiendo características al azar, detente. Pregúntate: ¿esto tiene sentido? ¿Está relacionado con la esencia del personaje? ¿Ayuda a desarrollar su arco narrativo?

Si la respuesta es no, elimínalo. Porque un personaje inconsistente no solo arruina tu historia, sino que también aleja a tu audiencia. Y créeme, no quieres que la gente salga corriendo de tu café solo para no escuchar más de tu personaje Frankenstein.

Así que, la próxima vez que escribas, recuerda: menos es más. La consistencia no es aburrida. Es lo que hace que un personaje sea real, creíble y, sobre todo, memorable. Ahora, ve y arregla esos personajes esquizofrénicos. Por favor. Por el bien de todos.